El genoma del Director del Centro de Modelamiento Matemático Alejandro Maass

El genoma del Director del Centro de Modelamiento Matemático Alejandro Maass

 

Alejandro Maass es Ingeniero Civil Matemático y Doctor en Matemáticas de la Universidad d’Aix-Marseille (Francia) y, desde este año, Director del Centro de Modelamiento Matemático de la Universidad de Chile. En esta edición de GENOMA RAD, conversó sobre su sueño de construir una sociedad basada en ciencias, que acorte las brechas y entregue una mejor calidad de vida.

 

¿Existe filantropía científica en Chile?

Cero. No recuerdo ninguna vez, en 18 años, que alguien haya venido al Centro de Modelamiento Matemático a decir: “me gustaría hacer un aporte a la ciencia que ustedes hacen”. Lo que sí existe es mucha dedicación de mucha gente a la ciencia sin recursos. Profesores de colegios modestos que quieren que los alumnos tengan algún futuro científico. Eso sí lo he visto mucho en Chile y creo que se destaca muy poco. No cabe en la categoría de filántropo, pero sí cabe en la categoría de gente que quiere estimular la ciencia sin recursos como puedan, porque sienten que es algo importante. Pequeños filántropos de sus alumnos que intentan que, a través de las ciencias, superen cualquier brecha que puedan tener.

¿Cómo es la relación entre ciencia y empresa?

Exponencialmente distinta a lo que era hace dos o tres años atrás. Hoy hay un diálogo relativamente frecuente entre universidad y empresa. Hace 15 años había muy pocos científicos y posiblemente también había mucho menos empresarios, entonces el diálogo se establece también en la medida que se multiplican los actores. Las primeras experiencias trabajando con empresas eran a grito pelado, de mucha frustración. Hoy día no es así. Se ha avanzado mucho y es importante destacarlo. No me gusta ese discurso chileno donde siempre mantenemos el status quo: es decir, lo mismo que pasaba hace 20 años, sigue igual. No es cierto. Lo que pasaba hace 20 años es absolutamente distinto que lo pasaba hace 10 y radicalmente diferente a lo que pasa hoy día.

¿Cómo trabajan desde el Centro de Modelamiento Matemático para ser un aporte a la sociedad?

Cuando tú eres científico ves que la investigación produce resultados que generan cambios. Desde el punto de vista de la matemática, yo creo que sí es un agente de cambio. Y creo que las sociedades basadas en ciencia disminuyen las brechas. Cuando tú aportas a un Ministerio para que se hagan mejores políticas públicas, desde hacer bien un puente, hasta crear más y mejores escuelas y hospitales, estás aportando enormemente a la sociedad. Si uno es capaz de entender desde la ciencia qué es lo que está pasando con las mareas rojas, puede hacer que toda la zona de Puerto Montt siga teniendo vida.

¿Qué es para ti una sociedad basada en ciencia?

Una sociedad que aprovecha toda la ciencia que puede crear y que puede hacer. No una sociedad que simplemente va a comprar a una feria internacional la máquina que se acaba de producir. En las pizarras de los hospitales públicos dicen: “disminuyamos las listas de espera”. Eso no va a ocurrir si siguen aplicando la receta del suma y resta y el “yo cacho que”, tan típico de este país. El “yo cacho que” no funciona. Hay que mirar esto como un problema complejo y resolverlo como se resuelven los problemas complejos y ahí la universidad está dispuesta a hacerlo.

Con el Hospital Clínico San Borja Arriarán estamos trabajando hace un tiempo, con enfermedades neurológicas de niños. Los servicios que ofrecen allí son, entre comillas, de lujo. Y son los servicios en que la mayoría de los niños con esas enfermedades se van atender, porque el 80% de los niños pasa por el sistema público. Le estamos cambiando la vida a los niños con enfermedades neurológicas en Chile. Y eso puede ocurrir hoy día, no en 10 años más. Porque en Chile nos fascinan los 10 años, como para no hacer nada hoy. Eso, para mí es un estado basado en ciencias.

¿Están las condiciones para recibir a un gran número de inmigrantes en Chile?

Yo creo que sí. Creo que Chile necesita muchos inmigrantes. Chile en ingeniería en computación tiene déficit y también en otros ámbitos de desarrollo. No estamos completos. Chile se formó de inmigrantes, yo no veo por qué las olas de inmigrantes que uno fue a buscar a Europa en la segunda mitad del siglo XIX van a ser mejores que los inmigrantes que pueden llegar ahora. Chile es capaz de ofrecerle futuro a los inmigrantes, a los hijos de los inmigrantes que pueden hacer buenos estudios y eso va a hacer que tengamos más masa crítica capacitada en Chile. Los inmigrantes son solo fuente de riqueza para los países.

¿Cómo te imaginas el mundo en 100 años más?

No me lo imagino, la verdad. Espero que sea un mundo que aproveche mucho más las capacidades que tiene, en todos los ámbitos, que dialogue mejor, que sea menos ideologizado. También me gustaría que fuera bien futurista. Me gustaría que hubiese alguna choreza.

¿Crees que se van a poder diseñar guaguas?

Es que está el desarrollo ético que va en paralelo a los avances. Y eso para los científicos es súper importante. Hoy día se habla mucho del CRISPR/Cas9 y el gran problema con eso es que uno tiene que entender todas las otras consecuencias. No sé si vamos a poder diseñar guaguas, lo que sí me imagino es que vamos a poder resolver un montón de problemas que hoy día se resuelven con dificultad. Creo que los avances de la tecnología van a mejorar mucho la vida de la gente.

¿Qué emprendimiento o innovación científica o tecnológica hay que conocer?

En un país minero como este, muchos chilenos deberían conocer las innovaciones tecnológicas de la minería. La robotización para hacer que las minas se puedan explotar de manera más inteligente, sin tanta intervención humana y sin tanto riesgo. También Chile es un país pionero en la genética de salmones, que hace que hoy día estemos compitiendo a nivel global. Por último, creo que Chile logró introducirse muy rápidamente a revoluciones tecnológicas: la conexión a internet, el big data, la genómica. Quizás no son hitos específicos, pero sí decisiones estratégicas que fueron muy bien tomadas.

No estamos mal en este ámbito en Chile. En el ranking de Shangai, hay 4 universidades chilenas. Eso es un montón. Para nosotros, los científicos, es importante que Chile explote científicamente porque genera más oportunidades para todos.

Alejandro, dime un sueño que tengas para Chile

Voy a hacer monotemático: me encantaría que Chile fuera un país que se desarrolle basado en las ciencias porque creo que es algo fundamental para el desarrollo. No podemos ser un país donde se castiga a alguien que no conoce a Mozart, pero se ríen cuando alguien no sabe quién era Gauss o Pasteur. Yo creo que eso habla mal de un país.

¿Qué libro está ahora en tu velador?

Hay varios libros. “El gen egoísta”, de Richard Dawkins, que ya me lo leí en otro idioma, pero tenía ganas de leerlo en español. “Huáscar”, de Carlos Tromben, porque alguien me lo regaló y lo quiero leer. “Un veterano de tres guerras, recuerdos de José Miguel Varela”, que ya me lo leí pero me gustó tanto que lo quiero releer también. La relación del ser humano con la historia me parece atractiva, mucho más que la del historiador con la historia. Tengo un libro perdido abajo que es del genoma, en inglés, que me lo prestó un colega y se lo tengo que devolver. Esa es mi pila.

De las películas que has visto en tu vida, ¿cuál te ha hecho llorar?

Soy súper malo para el cine. No lloré a mares, pero sí me tocó harto “La vida es bella”, por la relación padre-hijo. Me dio mucha pena.

¿Cuál es tu rincón favorito del mundo?

París es uno de los lugares que más me apasiona. Por mis estudios de posgrado viví en Marsella, es otro lugar que me encanta, por su diversidad, por su suciedad que me desagrada también, porque conocí a amigos entrañables que duran hasta hoy. En Francia conocí un sentido de la amistad que es distinto. Eso que siempre estén pendientes de ti, es algo que he visto poco en Chile. Es algo que a lo mejor está a nivel familiar, pero no de amigos. Y eso me acerca mucho a Francia.

Francia es un lugar donde si tú eres científico no eres el bicho raro. Es parte de la cotidianidad y eso es algo que hace que la vida sea liviana. En el sentido de que tú sientes que eres parte de algo que está aportando y no luchando para ser algo que pueda aportar.

Las discusiones en temas complicados se dan de manera tan simple con un café, sin tanta carga ideológica, como en Chile.

Si me dices un lugar del mundo donde me siento cómodo, es ahí.

Si tuvieras una fiesta de disfraces, ¿de qué te disfrazarías?

Posiblemente como cuando era chico: de pirata. Y me pintaría bigotes con un corcho.

¿Qué llevarías en tu mochila si te invitan a un viaje a Marte?

Dejaría mi celular acá, de eso estoy seguro. No sé si llevaría algo, la verdad. Estoy convencido de que no volvería, así que trataría de llevar todos los recuerdos que me alcancen.

¿Qué es lo más raro que has comido?

Fue en China: un pescado absolutamente podrido, que era una delicia para todos lo que estaban en la mesa y por eso me lo comí. Para mí era un asco. Un chino-gringo se apiadó de mí y dijo “cómo lo hacen comer esto” y me sacó el plato.

¿Qué es lo que más te gusta comer?

No tengo plato favorito, pero sí me gusta ser fiel a ciertos lugares. Yo vivo en Peñalolén y hay pocos restoranes, entonces quiero que sobrevivan y que en la comuna haya una cierta cultura gastronómica. Le guardo fidelidad a la Pizzería Roma, una especie de boliche en Grecia con Consistorial, donde hacen una pizza que se parece a la que venden en los carritos en Italia. Tratamos de ir casi todas las semanas. Además me gusta esa cosa de poder saludarse con la gente, en Chile se hace poca vida de barrio. También le guardamos algo de fidelidad al Cevichazo, que es un restoran peruano de la zona.

¿Alguna canción o autor que sea un placer culpable?

A mí me gusta escuchar rock de mi época. Me encanta Rush. Pero es cierto que tengo mi lado B. Me gusta escuchar música, cuando manejo por ejemplo, que vaya con el ritmo del manejo. Si es Shakira y tiene que ver con que uno va contento manejando, me gusta esa música. El fin de semana pasado nos fuimos a Quintay con mi señora y nos fuimos escuchando Nino Bravo, la habíamos bajado en Spotify y nos recordó cosas antiguas.

¿Te has sentido dependiente alguna vez de las redes sociales?

Tengo un Facebook al que voy raramente y que creé hace muchos años. Me carga el WhatsApp, me siento inútil con los dedos. Soy a la antigua. Uso mail, para mí el mail es mi medio de comunicación. ¿Sabes lo que me pasa con Facebook y todas las redes sociales? Cuando los leo, no los veo a ellos. Veo que la personalidad Facebook es algo tan deformante, lleva al nihilismo y hallo que es destructivo en muchos aspectos.

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